¿Qué pasa cuándo después de largos años te das cuenta de que desperdiciaste tu tiempo?
Uno vive buscando un lugar, más cuándo es un chico con largas décadas por delante. No importa que ese ámbito que uno encuentra sea un espacio virtual donde se interactúa con gente, donde se puede explotar todo el potencial propio sin necesidad de dar la cara y ser discriminado por ser menor.
Esa es una de las razones por las que, a mi parecer, Internet es mágico.
Esa magia la viví en carne, hueso y mente desde el 2006; entré a un proyecto ideado por otras personas, manejado por varios conocidos, de los cuáles hoy no podría reconocer a nadie.
Allí, en ese rinconcito de posibilidades, fuí creciendo poco a poco. Como persona, como trabajador, como ayudante. Aprendí a desempeñarme en conjunto con personas completamente diferentes, me adapté a tiempos, modos, y caprichos de muchos otros. Poco a poco fuí ganando un espacio que cada día se hizo más fuerte. Pasé a ayudar en lo que denominamos Servidores, me interioricé en el foro, para seguir creciendo siendo moderador, super moderador, y luego terminé con un falso título de administrador.
¿Por qué falso? Porque realmente nunca dejé de ser un super-moderador. Era la cara visible de todo, el que daba las explicaciones, el que moderaba y restringía el acceso a ciertos usuarios indeseables, el que hacía y deshacía para luego poner un aviso y una novedad a los demás partícipes de la llamada comunidad con una administración demócrata (aunque realmente fuera una oligarquía burda). Gracias a eso, uno seguía interesado, y le daba un poco más de atención.
Así, desperdicié largas horas de mi vida, esperando que algún día pudiese ser un real partícipe y por fin mis palabras tuviesen un peso símil al del resto. Obviamente esto nunca llegó, como dijo recientemente un compañero, nunca fuiste un amigo, más bien fui un socio, un bien mueble reemplazable.
Mañana continúo con la realidad .
Mucha verdad.
ResponderSuprimirMañana leeré el resto ó espero poder leerla esta noche.